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viernes, 15 de febrero de 2013

Noticia sobre el libro "War Zone", de Grandío Seoane y Rodríguez González.

Me recuerda esta noticia que he leído esta mañana, sobre el libro "War Zone. La Segunda Guerra Mundial en el noroeste de la Península Ibérica", de Editorial Eneida, a la novela "El año del wólfram", de Raúl Guerra Garrido, que trata sobre la compra-venta y el tráfico ilegal de este mineral, estratégico en la II Guerra Mundial, de la que hice un post en http://www.reeditor.com/columna/5715/19/literatura/el/ano/wolfram/raul/guerra/garrido.

Transcribo la noticia, publicada en el portal de noticias del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (http://www.icog.es/TyT/index.php/2012/09/war-zone-la-segunda-guerra-mundial-en-el-noroeste-de-la-peninsula-iberica/):
Título: War Zone. La Segunda Guerra Mundial en el noroeste de la Península Ibérica | Autor: Emilio Grandío Seoane y Javier Rodríguez González (eds.) | Colección Puntos de Vista nº 29 | Tamaño: 15 x 23 cm | Páginas: 336 | Precio: 18,50 € | Para sus pedidos, visite el sitio: www.editorialeneida.com
El libro aborda una historia poco conocida, la del periodo comprendido entre 1939 y 1945, años en los que el franquismo se desarrolla en un contexto de extrema violencia: entre el final de una guerra civil y el desarrollo de una guerra de ámbito mundial. El régimen de Franco estableció una colaboración abierta con los alemanes, aunque siempre se mantuvieron con ciertas suspicacias.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial llevó aparejado el crecimiento de las necesidades alemanas de materias primas, entre las que se encontraba el volframio. En marzo de 1940, la diplomacia inglesa había recibido informaciones de sus homólogos franceses acerca del tránsito de grandes cantidades de volframio desde Portugal hasta Vigo, donde el mineral era embarcado en submarinos alemanes para transportarlo al país germano.
A partir de junio de 1940, la derrota de Francia permitió el transporte de mercancías por vía férrea desde Portugal y España hasta Alemania.
La política aliada de asistencia económica a España se basó en dos puntos básicos: suministros de petróleo a cambio del control de las adquisiciones de volframio. Alemania había comenzado a tener problemas de suministro de volframio cuando Rusia entró en guerra, al cerrar los yacimientos de la frontera de China y Corea. Y la zona de mayor producción de volframio a la que tenían acceso era precisamente el noroeste ibérico. Cerca del 90% del volframio producido por España salía de Galicia: Valdeorras, Xallas, Trasdeza, Barbanza y Bergantiños.
La demanda de volframio implicó una enorme expansión de esta minería, con millares de personas trabajando, hasta 15.000, en las minas de San Finx-Lousame.
Años de conflicto. La aplicación reiterada de la violencia política se convirtió en marca de imagen del régimen unipersonal de Franco. Y los grupos que demandaban la caída de la dictadura aumentaron, debido al apoyo aliado y al rumbo del conflicto, que parecía anticipar el final del régimen. Grupos de oposición en las ciudades, las primeras estructuras guerrilleras en los montes, fueron algunos de los ingredientes que se mezclaron en un territorio y una época: el noroeste peninsular. Esta situación cobra inusitada relevancia en el noroeste ibérico con respecto al volframio, ya que su utilización por la industria bélica alemana multiplicó su valor estratégico. Entre las aplicaciones que se han señalado para el volframio hay que destacar su utilización para reforzar el blindaje de las unidades de combate alemanas, para la elaboración de proyectiles con mayor capacidad de penetración e incluso como refuerzo interno de las piezas de artillería.
Históricamente, la minería del volframio había estado muy ligada a la del estaño, ya que ambos minerales suelen aparecer juntos bajo las formas de casiterita, volframita y scheelita. La antiquísima minería del estaño, tradicional en todo el noroeste ibérico, coincidió con la llamada provincia estaño-tungstífera ibérica, que abarca la mitad norte de Portugal, la mayor parte de Galicia y determinadas zonas de León, Asturias, Zamora, Salamanca, Cáceres y Badajoz. Aunque existieron inversiones de capital de otros países en los finales del siglo XIX y comienzos del XX, hay que destacar el dinamismo mostrado por emprendedores británicos ligados a la explotación de numerosas minas de estaño-volframio en las zonas de Lousame (A Coruña), Vila de Cruces (Pontevedra), y la región portuguesa de Trás-os-Montes. La historia del suministro de volframio español al Tercer Reich hunde sus raíces en uno de los momentos claves de la historia del periodo, como fue el viaje emprendido por el militante del partido nazi en Marruecos Johannes Frantz Bernhardt hasta Alemania, en los primeros días del golpe de Estado, ejerciendo de mensajero del general Franco para conseguir el apoyo alemán al golpe militar. En la entrevista con Hitler surgió ya la cuestión de que el suministro de materias primas (en aquel momento desde el norte de África) sería la moneda de cambio de los golpistas.

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