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jueves, 31 de marzo de 2011

Otra noticia sobre Sos Baynat, de Ignacio Zafra.

Interesante artículo de Ignacio Zafra, en El País de 6 de noviembre de 2009, titulado "La generación científica perdida". A continuación, una síntesis:
En un recorte del diario ruso Pravda se puede ver a Vicent Sos Baynat asomado con tres colegas a un balcón del hotel Moskwa, a tiro de piedra de la Plaza Roja. Corría el año 1937. Sos Baynat no era, que se sepa, un espía. Asistía al XVII Congreso Geológico Internacional, en Moscú. Y formaba parte de la prometedora comunidad investigadora que, desde la concesión del Nobel de Medicina a Santiago Ramón y Cajal (en 1907), encarnó la llamada Edad de Plata de la ciencia española. Una generación quebrada por la Guerra Civil y esparcida por el mundo tras la victoria del general Franco.
El exilio adoptó muchas formas. Hubo quien intentó mantener la idea de comunidad científica española, aunque fuera en la diáspora. El Instituto Cajal fue prácticamente transplantado a México. Algunos exilios suprimieron para siempre la carrera de sus protagonistas, y otras siguieron creciendo al calor de grandes instituciones científicas internacionales que, en general, los acogieron más por su valía que por solidaridad.
Probablemente el del geólogo Vicent Sos Baynat, nacido en Castellón en 1895, catedrático, miembro del Museo Nacional de Historia Natural, integrado en el llamado exilio interior, fue uno de los más dramáticos.
Tras el congreso de Moscú el profesor regresó a España y, una vez terminada la guerra, se trasladó Madrid. Un viaje en tren que Sos Baynat y su familia vivieron con el corazón en un puño, esperando en cualquier momento un registro de la Guardia Civil. El geólogo no había tenido responsabilidades políticas, pero era republicano, había dado clases en la Institución Libre de Enseñanza, y por menos de eso se habían abierto muchos expedientes de depuración y algunos profesores habían sido fusilados. Al llegar a Madrid, Sos Baynat se escondió en un armario. Y pasó los 10 años siguientes encerrado en una habitación donde, sin embargo, siguió trabajando y escribiendo sin apenas material.
El geólogo abandonó su escondite para dar clase, con nombre falso, en el colegio de sus hijos. Después se mudó a Plasencia (Extremadura) y allí, una mañana, mientras la familia se preparaba para ir a una boda, la Guardia Civil se presentó en casa y se lo llevó detenido. Fue inhabilitado para la docencia, se le cerraron las puertas de la investigación y de otros muchos oficios. Tuvo que ganarse la vida elaborando informes geológicos para una empresa minera.
Cuando le quedaba un mes para jubilarse le comunicaron el levantamiento de su sanción. Se trataba de una práctica común en la época: se les perdonaba semanas antes del retiro obligatorio, de forma que no tenían derecho a nada. Sos Baynat se negó a firmar aquella rehabilitación.
La reivindicación llegó más tarde, y fue intensa a partir de la Transición. Se convirtió en el primer doctor honoris causa por la Universidad Jaume I de Castellón, el 12 de junio de 1992. Tres meses después falleció.

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