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jueves, 16 de octubre de 2014

"Origen y pervivencia del culto a las aguas en la comarca de La Raya", por Rubio Muñoz.

Hemos encontrado información de interés sobre las aguas mineromedicinales en La Codosera, en la web http://www.historiadelacodosera.es/culto_aguas.htm.

Luis Alonso Rubio Muñoz es el autor de este texto que hoy traemos, muy interesante por su carácter histórico:
El origen del culto a las aguas en la península Ibérica se remonta, sin duda, hasta la Prehistoria. Desde siempre, las surgencias y cursos de agua han constituido puntos de referencia para las distintas sociedades que, a lo largo del tiempo, se han ido sucediendo. El agua ha jugado habitualmente un papel importante en la liturgia religiosa, desde el mundo prerromano, bien sea por su carácter purificador, iniciático (formando parte de ritos de paso como ocurre con el bautismo), curativo o adivinatorio. A determinados manantiales, pozos o corrientes de agua se les han atribuido, tradicionalmente, especiales propiedades curativas, bien sea por los elementos disueltos en ella o por el sentido mágico que se les presume. Así, en algunos de estos lugares, la existencia de un suministro de agua constituyó un elemento, lo suficientemente atractivo, como para convertirlo en espacio de reunión e, incluso, para la celebración religiosa. Es frecuente, en este sentido, la existencia, junto a ermitas rurales, de pozos o fuentes a los que, todavía hoy, la piedad colectiva atribuye poderes curativos, confiando en los efectos beneficiosos de sus aguas. Determinadas cualidades de las aguas sirven, incluso, para dar nombre al manantial, como ocurre, por citar tan sólo un par de ejemplos situados en el área geográfica de este breve estudio, con las fuentes ”La Saborida” (Alburquerque) o “La Herrumbrosa” (La Codosera). Además, en muchos casos, asistimos a lo que podemos llamar “superposición estratigráfica de cultos”, es decir, que sobre un primitivo espacio con sentido religioso, en ocasiones de origen prerromano, se hayan ido instalando otros posteriores hasta llegar, en ocasiones, a nuestros días, manteniéndose así una secuencia histórica de ocupación más o menos permanente.

El culto a las aguas, como muy bien apuntó ya en su día Ricardo Olmos (1), está más documentado en la denominada “área de influencia ibérica” (sur y este de la Península) que en el interior de la vertiente atlántica y norte peninsular. En las costas levantinas y andaluzas se constata, ya en época fenicia y cartaginesa, el culto a la gran diosa ARTARTÉ, y el papel que, en estas celebraciones, desempeñaba el agua en relación con los ritos de fertilidad (2).

En el interior peninsular, en la que podemos denominar “zona de influencia céltica o indoeuropea”, también existen numerosos testimonios que acreditan la existencia de estos cultos acuáticos. Muchas son las referencias sobre el papel que el agua representaba, entre los pueblos prerromanos, en las celebraciones de carácter religioso, a modo de libaciones o baños rituales (con sentido purificador y de fertilidad), así como las ofrendas que se hacían a las divinidades relacionadas con el agua. Mientras que el interior de la Tierra, el inframundo subterráneo, se asimila con lo desconocido, oscuro y tenebroso, las surgencias de agua representan el origen de la vida, con un innegable valor de fertilidad y regeneración.

En las religiones primitivas de la Península, las fuentes se identifican con el lugar donde, por lo general, habitan seres beneficiosos, preferentemente femeninos, que alcanzan incluso la categoría de deidades (NABIA, REVE, BROENEIAE, BANDUA...). Para el mundo romano, las fuentes eran el lugar de residencia de ninfas y náyades, mientras que con la llegada del cristianismo, y ante la imposibilidad de la Iglesia de erradicar del todo estas creencias tan arraigadas entre la población, las fuentes se consagran a personajes del santoral, curiosamente, y en la mayoría de los casos, a la Virgen María. Por su cuenta, la tradición popular (avivada con frecuencia por la superstición), colocará en las fuentes a seres fabulosos tales como damas encantadas, hadas, moras cuidadoras de fabulosos tesoros, etc., que no dejan de ser las sucesoras reconvertidas de las primeras divinidades paganas.

En el caso de Extremadura, el culto a las aguas fue, sin duda, intenso, a tenor de los testimonios arqueológicos conservados. Así, son numerosos los ejemplos que podemos señalar. Los estudios generales, como el llevado a cabo por Victoria Rodrigo y Salvadora Haba (3), los particulares referidos a yacimientos concretos como Baños de Montemayor (4), Alange (5) y La Nava de Cabeza del Buey (6) o los hallazgos sueltos de “El Gaitán” (7), “Fuente Blanca” y “Cardosa de Mayoralgo” (8) o el dintel dedicado a los ríos ANAS y BARAECA (Guadiana y Albarregas, respectivamente) hallado en Mérida (9), abonan esta teoría.

Ciñéndonos en concreto al área ocupada por la Sierra de San Pedro y la Serra de Saô Mamede, ocupando por tanto los denominados “territorios rayanos”, la arqueología y la tradición popular nos aportan información muy interesante sobre la práctica y la pervivencia del culto a las aguas. Tengamos en cuenta que nos encontramos en una zona en la que, durante la Edad del Hierro, se produce una presencia cultural de carácter céltico y/o indoeuropeo (en este caso, lusitanos). Los cultos cosmológicos (agua, fuego, tierra...) y orolátricos (montes, cuevas, rocas singulares,...) estarían presentes entre estas comunidades prerromanas. Por su orografía montañosa, escasa disponibilidad de recursos naturales (a excepción de los minerales) y su alejamiento de los caminos naturales más transitados, podemos considerarlo un territorio aislado y poco proclive a un contacto intenso con el exterior. Esta circunstancia se mantuvo en los siglos posteriores, con una romanización escasa y tardía, islamización no muy intensa, y un poblamiento reducido con posterioridad debido a la situación fronteriza, entre los reinos de Castilla y Portugal, que la convirtió en un espacio marginal con respecto a las influencias exteriores. Todo ello jugaría a favor del mantenimiento de un sustrato cultural, poco contaminado por las influencias externas y, por tanto, conservador de tradiciones seculares. Muchos son los rasgos, de carácter arcaico, que hasta hace no mucho tiempo constituían la base del día a día de los habitantes de la comarca natural, tanto a un lado como al otro de la frontera (sistemas de pesos y medidas, oficios tradicionales, cultivos y formas de laboreo de la tierra, medicina y veterinaria popular, juegos tradicionales, gastronomía, cuentos, supersticiones, ritos, creencias,...). Coincidimos en ello, a grandes rasgos, con lo que Almagro Gorbea considera para la Hispania Celta (10).

La zona de este estudio (Alburquerque, La Codosera, San Vicente de Alcántara, Valencia de Alcántara, Marvao, Portalegre, Arronches...) permite todavía espigar algunos elementos que denotan la existencia de estos cultos a las aguas en tiempo pasado e, incluso, su pervivencia en la actualidad. Podemos tomar como referencias la información que la epigrafía (a través de las inscripciones localizadas hasta el momento), el análisis de peculiaridades de las ermitas existentes (antiguas y modernas) y la tradición popular ponen ante nosotros.

Sin ser muy abundantes, las inscripciones antiguas que se conservan en la comarca resultan de singular interés y, además, algunas de ellas, permiten extraer conclusiones sobre las divinidades de las aguas. La más antigua de todas, y más importante, es la aparecida en la Ribeira da Venda (Arronches), datada en el siglo I a.C. (11). Utilizando el alfabeto latino, la inscripción recoge uno de los pocos textos conocidos en lengua lusitana y el más meridional de todos los aparecidos hasta la fecha. Son, en realidad, dos textos distintos. No entraremos a desglosar aquí todo el contenido de la inscripción por considerarlo fuera de lugar, pero sí destacamos que se trata de una ofrenda múltiple de animales a divinidades indígenas, algunas de ellas relacionadas con el mundo acuático; REVE AHARACVI, BROENEIAE, MVNITIE y BANDUA. En el caso de REVE AHARACVI, nos encontramos con una divinidad localizada en Galicia y el norte de Portugal, pero no tan frecuente en el sur de la antigua Lusitania (12). BROENEIAE, identificada en “Ribeira da Venda” como “diosa de la fuente”, resulta más desconocida, mientras que las anteriores seguirán recibiendo culto en época romana.

Las dedicatorias a NABIA, divinidad acuática y polifuncional, son de sobra conocidas en Galicia y Asturias, pero están poco documentadas hasta la fecha en la zona occidental de Extremadura, a excepción hecha de las inscripciones de “El Gaitán”, hallada en una zona intrincada del interior de la Sierra de San Pedro, entre Puebla de Obando y Cáceres (13), y la de “Cardosa de Mayoralgo”, también procedente de la Sierra de San Pedro (14).

En la antigua ciudad romana de Amaia, localizada en San Salvador de Aramenha, muy cerca de Marvao, apareció una inscripción que menciona a otra divinidad indígena, OCRIMIRAE a la que Lambrino interpreta como “río frío”, en clara relación con un culto acuático, en este caso fluvial (15). A tener en cuenta la pervivencia en la actualidad, en Valencia de Alcántara, del topónimo “Sierra Fría”.

También parece tener relación con el culto a las aguas la inscripción aparecida en el caserío de “La Varse” (La Codosera) y hoy depositada en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz (16). A pesar de la brevedad de su texto, contiene importante información para el conocimiento de la zona y el momento (siglo I-II d. C.). La dedicatoria a la divinidad indígena ARPANICEO puede identificarse como el reconocimiento a una deidad protectora de una comunidad de carácter también indígena (lusitano), a tenor de la antroponimia del dedicante y, sobre todo, de su padre (17), pero la raÍz ARP- puede también ponerse en relación con un hidrónimo (nombre de río), posiblemente el Gevorete (afluente del Gévora), cerca del cual apareció la inscripción.

El propio nombre del Gévora, principal curso fluvial de la zona, se presta también a dudas más que razonables. Castaño Fernández recoge varias teorías sobre el origen de este hidrónimo (18), si bien él mismo lo considera como de origen oscuro o confuso. Cita la posibilidad de un origen árabe (shabura) o céltico. Por nuestra parte, e intentando señalar una hipótesis de trabajo basándonos en los trabajos de Blanca María Prósper, nos atrevemos a sugerir su posible relación con un componente lingüístico de origen lusitano, “bhoro-” (portador) poniéndolo en relación con el poder erosivo y de arrastre de materiales que, en su curso alto, manifiesta este río. Se trata, repetimos, de una mera hipótesis y, como tal, sujeta a revisiones y correcciones. Echamos de menos la existencia de un estudio sobre los hidrónimos de este entorno, similar a los realizados para otras zonas de la Península (20).

Otro aspecto a tener en cuenta viene representado por la relación existente entre fuentes, pozos y corrientes de agua, por una parte, y posibles lugares de culto antiguo o, incluso, ermitas o santuarios de culto cristiano aún en uso, por otro. En este sentido, el marco geográfico que abarca este nada pretencioso artículo aporta elementos significativos. La actual ermita de Nossa Senhora da Lapa (Arronches), ubicada en la vertiente portuguesa de la Sierra de La Lamparona, a escasos metros de la frontera con España, se edificó aprovechando en parte una oquedad natural o cueva (en portugués “lapa” = “cueva”), en cuyo interior, tras el altar, un equipo de arqueólogos dirigido por el Dr. Jorge de Oliveira, de la Universidad de Évora, localizó no hace mucho un interesante conjunto de pinturas esquemáticas pertenecientes a la Edad del Bronce. Fue éste, sin duda, un primitivo lugar de culto sobre el que, con posterioridad, se levantó una ermita de advocación mariana. Desde ella, y a modo de balcón natural, se domina el alto y encajonado valle fluvial del Gevorete que une sus aguas, poco más abajo y ya en territorio español, al Gévora. En sus inmediaciones se conservan dos topónimos de clara referencia acuática: “Cabeço das Aguas” y “Nasce Agua”. Además, en el vecino caserío español de “La Varse” se localizó la ya mencionada inscripción dedicada a ARPANICEO. ¿Fue la cueva sobre la que hoy se levanta la ermita de “La Lapa”, en época remota, un lugar de culto acuático? Esto es algo que, hoy por hoy, no podemos aseverar aunque sí aventurar, tomando como base para ello las referencias al agua.

Algo similar ocurre con la ermita de la “Virgen de la Cabeza”, situada algo más al norte, en las proximidades de la “Aceña de la Borrega” (Valencia de Alcántara). En este lugar, junto a un manantial que evidencia su aprovechamiento desde antiguo, se edificó una ermita de culto cristiano sobre un espacio en el que abundan los restos arqueológicos de época Calcolítica, es decir, pertenecientes a los primeros momentos de la Edad del Bronce.

Esta dualidad fuente-ermita la encontramos también en el antaño próspero caserío de “Benavente” (Alburquerque). Para la construcción de este pequeño lugar de culto rural se aprovecharon materiales reutilizados, de época romana y visigoda, procedentes de un lugar anterior de carácter funerario.

Es muy frecuente, por otra parte, esta superposición o estratificación de lugares de culto, de forma que lo pagano queda sumido bajo lo cristiano. Muy significativo es el caso de la ermita de Saô Miguel de Motta, cercana a Alandroal (Portugal), erigida sobre un templo romano, en el que se rendía culto a ESCULAPIO, que se levantó a su vez encima de un lugar de culto indígena dedicado a ENDOVELICO.

Se trata, ni más ni menos, que de la continuidad del culto en lugares de especial significado, proceso en el que los dioses paganos devienen en santos y sus templos en ermitas.

Algunas ermitas antiguas, como la desaparecida de “La Zarza” (Alburquerque), se construyeron junto a una fuente. Otras, tal es el caso de “Nossa Senhora da Enxara” (Ougela), “Virgen de la Ribera” (Villar del Rey), la de la patrona de Alburquerque, “Nuestra Señora de Carrión” o la de “La Varse” (La Codosera) lo fueron junto a un curso de agua.

La religiosidad popular atribuye poderes curativos a las aguas de determinados pozos y fuentes, como ocurre en el caso de la ermita de “Chandavila” (La Codosera). En otras ocasiones, las fuentes juegan un papel protagonista en la celebración de ritos como los de la noche de San Juan, pervivencia de cultos paganos coincidentes con la celebración del solsticio de verano. Así, hasta hace no muchos años, algunas fuentes como las de “La Vica” y “La Rocita” (ambas en la campiña de San Vicente de Alcántara) y la “Fuente Arriba” (La Codosera), llegada la víspera de San Juan eran limpiadas, blanqueadas y engalanadas con flores. Al llegar la noche, en torno a ellas se celebraban reuniones de vecinos que allí acudían a recoger la denominada “Agua de San Juan”, a la que se le atribuían facultades curativas y protectoras.

En muchos casos, las fuentes se convertían no sólo en lugares de aprovisionamiento de agua, sino también en espacios de uso común dotados de un especial significado, como ocurría en Alburquerque con la “Fuente del Álamo”, muy ligada a todo tipo de supersticiones populares (22).

En éste proceso continuo de asimilación o sincretismo religioso, es posible observar la cristianización de elementos relacionados con el culto a las aguas y a sus divinidades propias que, desde época prerromana, han llegado hasta nuestros días. La tradición popular, en su vertiente de la interpretación de los sueños, identifica el soñar con toros a la inminente llegada de épocas de lluvias. La raíz de ello está en las rogativas dirigidas a propiciar la aparición de la estación húmeda, fundamental para el buen desarrollo de las actividades agropecuarias, y su relación con el denominado “Toro de San Marcos”. Entre los antiguos pobladores de la península Ibérica, durante la Edad del Hierro, COSUS, el denominado “Marte indígena”, se asimila a la deidad conocida como BANDUA, cuya figura se pone en relación con los cultos a las fuentes, los árboles y determinadas rocas o peñas singulares. Posteriormente, BANDUA será asimilada a la diosa romana FORTUNA. Después, con la cristianización, se mantendrá su culto, pero a través de la figura de San Marcos.

NOTAS:

1.-) OLMOS, R., 1992; “Iconografía y culto a las aguas de época prerromana en los mundos colonial e ibérico”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Hª. Antigua, t. V, págs. 103-120.

2.-) RODRÍGUEZ MUÑOZ, R., 2008; “El uso cúltico del agua en el mundo fenicio y púnico. El caso de Astarté en Cádiz”. Herakleion, 1, págs. 21-40. ; BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J. Mª y GARCÍA GELABERT, Mº. P., 1997; El culto a las aguas en la Hispania prerromana.

3.-) RODRIGO, V. y HABA, S., 1992; “Aguas medicinales y culto a las aguas en Extremadura”. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Hª. Antigua, t. V, págs. 351-382. 
4.-) ROLDÁN HERVÁS, J.M., 1965; “Las lápidas votivas de Baños de Montemayor”. Zephyrus, XVI, págs. 23 y ss.

5.-) ÁLVAREZ MARTÍNEZ, J.M., 1973; “Alange y sus termas romanas”. Revista de Estudios Extremeños, XXIX, III, págs. 234-256.

- 1972; “Las termas romanas de Alange”. Habis, 3, págs. 267-290.

6.-) CALERO, J. A. y MEMBRILLO, I., 1982; “Las termas de la Nava”, Alminar, 35, págs. 14-15.

7.-) MELENA, J.L., 1984; “Un ara votiva romana en El Gaitán (Cáceres)”, Veleia, 1, págs. 233-259.

8.-) CALLEJO SERRANO, C., 1967; “Cédulas epigráficas del campo norbense”, Zephyrus XVIII, págs. 85 y ss.

9.-) CANTO, A. M., BEJARANO, A. M y PALMA, F., 1997; “El mausoleo del Dintel de los ríos de Mérida Revve Anabaraecus y el culto a la confluencia”, Madrider Mitteilungen, 38, págs. 247-294. PALMA, F. y BEJARANO, A. M., 1997; “Excavación del mausoleo de la Casa del Anfiteatro”, Mérida. Excavaciones arqueológicas, pág. 46. BEJARANO, A. M., 2004; “El mausoleo del Dintel de los Ríos: los contextos funerarios tardíos en Augusta Emerita” Cuadernos Emeritenses, 27.

10.-) ALMAGRO GORBEA, M., 2009; “La Etnología como fuente de estudios de la Hispania Celta”, Actas del I Congreso de Etnoarqueología de los Celtas de Hispania, BSSA, Arqueología, LXXV, págs. 59 y ss.

11.-) PRÓSPER, B. M. y VILLAR, F., 2009; “Nueva inscripción lusitana procedente de Portalegre”, Emerita, Revista de Lingüística y Filología Clásica, LXXVIII, 1, enero-junio, págs. 1-32. CARDIM RIBEIRO, J., 2010; “Algumas consideraçôes sobre a inscrâo en lusitano descoberta em Arronches”, Serta Paleohispánica J. de Hoz Paleohispánica 10, págs. 41-62. CARNEIRO, A., D´ENCARNAÇAO, J., DE OLIVEIRA, J. y TEIXEIRA, C. 2008; “ Uma inscriçao votiva em lingua lusitana”, Paleohispanica, 8, págs. 167-178.

12.-) PRÓSPER, B. M., 2009; “Reve Anabaraeco, divinidad acuática de Las Burgas (Orense)”, Acta Paleohispanica X, Paleohispanica 9, págs. 203-214.

13.-) MELENA, J.L., Op. cit.

14.-) CALLEJO SERRANO, Op. cit.

15.-) LAMBRINO, S., 1954; Actas e Memorias do Primer Congreso Nacional de Arqueología, págs.480 y ss.

16.-) KNEISSL, P. 1973; “Zwei neue Götternamen aus der romischen Provinz Lusitania”, Madrider Mitteilungen, 14.

17.-) RUBIO MUÑOZ. L.A., 2005; La Codosera, Secuencia histórica de una villa rayana, págs. 107-109.

18.-) CASTAÑO FERNÁNDEZ, A., 2004; Los nombres de Extremadura. Estudios de toponimia extremeña, págs. 149-150.

19.-) PRÓSPER, B.M., “Reve anabaraeco...”, pág.207.

20.-) Interesante resulta el llevado a cabo por STYLOW, V.A., 1983; “Inscripciones latinas del sur de la provincia de Córdoba”, Gerión, 1, págs. 295-303.

21.-) RUBIO MUÑOZ, L.A., 2012; “El patrimonio etnográfico de La Codosera (Un tesoro a rescatar, valorar y transmitir)”, Revista Azagala, nº 48, pág. 46.

22.-) De especial interés resulta la catalogación, minuciosa y documentada, que hace Eugenio López sobre los pozos y fuentes de Alburquerque. LOPEZ CANO, E., 1997; La villa de Alburquerque, pág. 95.


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