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miércoles, 30 de julio de 2014

"La ciencia, la política, el poder", por Antonio Vélez.


Transcribimos hoy la carta publicada por D. Antonio Vélez sobre el Museo de Geología de Extremadura, de gran interés para recuperar la historia reciente de la museística extremeña. Se puede ver el original en http://www.diarioprogresista.es/la-ciencia-la-politica-el-poder-53750.htm


Por un cúmulo de circunstancias irrepetibles, Extremadura se encontró con un legado científico de insuperable nivel. En 1950 José Fernández López, patrón del Matadero Industrial de Mérida, el más importante de España, contrató a Vicente Sos Baynat, un brillante Geólogo, ex - alumno de Eduardo Hernández Pacheco y colaborador suyo en el Museo de Ciencias Naturales, que se hallaba en el ostracismo por causas de la guerra civil.

 Su misión era encontrar estaño para bruñir las latas de conservas cárnicas.
Y halló los filones de Casiterita, poniendo en  explotación, de nuevo, las antiguas minas, aprovechadas desde el Neolítico, en la Sierra de San Cristóbal, de Logrosan, y en otros enclaves. Luego buscó caolines para la industria cerámica y como excipiente de los insecticidas, en forma de espolvoreo, que Fernández López fabricaba en su factoría de Zeltia, en Mérida. También prospectó Wolframio, para las aleaciones de aceros duros antes de que se utilizara el Vanadio. Dató, propiciando líneas de estudio muy de futuro, el importante yacimiento, en Sierra Carija, de Wollastonita (Silicato Calcico), un mineral, nada abundante,  puntualmente estratégico para la carrera espacial, ya que se utiliza en las placas que protegen las naves, para su reingreso en la atmosfera terrestre, por la altísima temperatura de fusión de este mineral, cercana a los 1.500 grados centígrados, propiedad que le confiere, también, opciones importantes en la fabricación de  motores de automóviles.
      Sos Baynat, un científico trasmutado laboralmente en Facultativo de Minas, llenó su vocación, y su Cátedra perdida, pateando la geografía extremeña, sobre todo en los fines de semana. Concretó así lo que, sin duda, constituye la muestra de Mineralogia, de carácter territorial, más importante del mundo. Ello, no solo por las piezas, mas de diez mil, sino sobre todo por el Fichero y las Hojas de Campo que constituyen un trabajo metodológico gigantesco, en todas sus facetas.
    Todo ese monumental compacto, con detalles y connotaciones que exigen otro relato, acabó en manos del Ayuntamiento de Mérida, en 1980, por voluntad de Sos Baynat y Fernandez Lopez. Inicialmente se ubicó en la antigua Casa de la Cultura emeritense, en la calle Moreno de Vargas, con los ficheros y vitrinas que les eran propios y la presencia de los dos aludidos y el Alcalde, Martin Lopez Heras.
   Años después, tras la rehabilitación del Edificio del Costurero, del antiguo Manicomio del Carmen, cedido al Ayuntamiento por la Diputación Provincial, se reubicó en el nuevo espacio, con entidad solemne, nuevo mobiliario y funcionalidad al efecto. Se  dotó de una biblioteca monográfica para estudiosos e investigadores. Todo ello dirigido por el propio Sos Baynat. A su inauguración asistieron, aparte del mundo científico y Universitario, y a titulo anecdótico, antiguos alumnos suyos, de la Institución Libre de Enseñanza, de la que también fue profesor. Toda una gigantesca figura científica, aportando lo mejor de su formación, a titulo gratuito, a Extremadura. Ocurrió el año 1991, un año antes de que falleciera.
   El valor de este Museo al que la Junta de Extremadura le otorgó el Titulo de Museo de Mineralogia de Extremadura es inconmensurable y lo significa como el legado científico más rotundo de la historia de nuestra tierra. Por este Museo, que propició, en justicia, a Sos Baynat la Medalla de Extremadura, se celebró, en 1992, al alimón con  Cáceres, el apabullante Congreso Iberoamericano del Paleozoico Inferior (conviene saber que las caras atlánticas, Europea y Americana, desgajadas del primigenio continente, Pangea, se corresponden), que contó con casi doscientos científicos de todo el mundo. Por el se celebraron reuniones científicas, auspiciadas por Universidades, Consejo Superior de Investigaciones Científicas o Instituto Geológico y Minero de España. E incluso de carácter sectorial, como el de la poderosa Sociedad Española de Cerámica y Vidrio que celebró, en aquellas nobles instalaciones, una de sus Asambleas anuales. O centenares de tesis y estudios pormenorizados. En el fondo y desde un sentido práctico lo que aporta esta herencia científica es un instrumento imprescindible para enfocar acciones de desarrollo, tan necesarias en esta tierra, a la vista de lo que se está cociendo entre balanzas fiscales y tensiones separatistas. Resulta obligado buscar opciones propias para desarrollar un modelo de sociedad solvente, con desarrollo industrial, actividad, empleo, bienestar. Es lo que hacen otras sociedades, con variados medios.  
  Justo en este juego de potenciales endógenos es donde deberían entrar, los políticos honestos e inteligentes. Y si la iniciativa privada no crea empleo, deben ser las instancias publicas las que lo promuevan. No es nuevo el envite. La Historia está, llena de comportamientos en ese este sentido, que pueden ser motivo de reflexión más  puntual y pormenorizada. Son las ideas-fuerza, unidas a las decisiones, aunque ahora de lo que se trata es de insistir en que aquí, en Extremadura, tenemos un catalogo de potencialidades mineras, del territorio, bien detalladas por zonas geográficas. Es la resultante práctica, aplicable a Extremadura y su desarrollo futuro, de un gran investigador, contrastado internacionalmente, la que podría servirnos, y mucho, en ese empeño de ser solventes.
    Pues bien, este Museo, exponente de tantas posibilidades, fue desarbolado por   Pedro Acedo, Alcalde de Mérida, para ubicar entre sus muros instancias judiciales. Es decir sacralizó la Justicia y criminalizó a la Ciencia, expulsada al “llanto y crujir de dientes” de varios traslados, fraccionamientos, quiebras y perdidas. Y no parece que la Justicia necesite, por encima de su compostura y dignidad, más solemnidad que la Administración, dado su mismo carácter de Servicio Publico imprescindible. Bien visible ha quedado en Mérida, donde tras abandonar el edificio del “Costurero” comparte alojamiento en el III Milenio, en el PERI de San Lázaro. No obstante Acedo no dudó  en dar una patada a la obra de Sos Baynat y a todo el impulso regeneracionista que compartieron gente tan dispar como Gumersindo Azcarate, Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, Unamuno, Joaquín Costa, Bartolomé Cossío, Hernández Pacheco, Pérez Galdós, Gregorio Marañón, Antonio  Machado, Joaquín Sorolla, Ramón y Cajal, Azorín, Nicolás Salmerón, Eugenio d’Ors, Juan Ramón Jimenez, Emilia Pardo Bazán, Clarín, Julián Sanz del Río o Francisco Giner de los Ríos y muchísimos mas. Los mismos que apuntalaron, en unos momentos de ilusiones colectivas, iniciativas esenciales, para redimir a una sociedad de alpargatas : La Ciudad Universitaria de Madrid, las Misiones Pedagógicas o la Junta de Ampliación de Estudios, antecedente muy serio de las actuales becas Erasmus que abrió Europa a los postgraduados hispanos de principios del siglo XX. Todo sobre la exigencia  irrenunciable a la libertad de cátedra, ese espacio intelectual que siempre inquietó a ciertos gobernantes.
     La conclusión de todo este itinerario desafortunado, que da la medida de lo que tenemos, es que el poder enseña su cara hosca y primitiva, casi tribal. Acedo, que no tiene mas vocación que la de permanecer en el poder, ha buscado otras aplicaciones, mas acordes con las connotaciones sociológicas de su espacio electoral, muy alejadas de las necesidades reales de una sociedad que se desangra por la falta de recursos,  actividad y empleo, para la que las opciones de I+D+I resultarían vitales. ¿Lo entienden los gobernantes, lo calibra Monago en su medida real, práctica, posible y por tanto como apuesta por la que jugar? A fin de cuentas, es lo que hacen otros con sus recursos. Unos potenciales autóctonos que ese Museo de Geología de Sos Baynat, por la iniciativa primigenia de Fernández López, demuestra que tenemos. Posiblemente lo saben, pero claro está el otro factor, el otro vértice del triangulo, el poder. Y ahí ya las cosas funcionan de otra manera. Valga como ilustración que, al defender por mi parte la reinstalación del Museo de Geología, con  su logística de archivos, ficheros y actividades, en su sitio natural del “Costurero”, allí donde ganó su proyección al mundo científico, para coadyuvar con la Extremadura activa del futuro, la respuesta que he recibido, en clave de afrenta personal malintencionada , por parte de un Acedo contrariado, por mi opinión libre, reflexiva, aunque opuesta a su injusto linchamiento al Universo Científico, es que tengo el “alma negra”. Lo increíble es que quien, en este caso, utiliza el insulto, y no otras respuestas acordes con su representatividad institucional, es Senador, o sea Prócer de España. Con tan vulgar estilo. Así es que llegados a este punto, se comprenden muchas cosas. Ciertos gobernantes, tan apegados  al poder y a sus ventajas. Y una sociedad que empieza a considerar, seriamente que este modelo está mas que agotado. Mérida no deja de ser un espejo, a escala.
Antonio Vélez.

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