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lunes, 1 de julio de 2013

"Peregrinaje geológico por las Villuercas": blog La Línea del Horizonte (17-06-2013).

Copiamos abusivamente del blog http://lalineadelhorizonte.com/blog/9683/peregrinaje-geologico-por-las-villuercas la nota publicada sobre el Geoparque Villuercas el 17 de junio de 2013:

Toledo, al este; la penillanura trujillano-cacereña, al oeste. Por el norte, el Tajo; y al sur, el Guadiana. Bajo estas coordenadas se enmarca el Geoparque Villuercas Ibores Jara. La historia geológica de la Península Ibérica cercada por retamas, encinas y pinos. Buitres leonados anidan en peñas cuarcitosas y riscos. Halcones peregrinos vuelan por encima de un regimiento de olivos, que forman filas sobre el suelo ondulado como haciendo equilibrios. La flor de la jara ya ha salido. El viento arrastra consigo el aroma a romero y tomillo, que luego perfumará los guisos de ternera retinto.

Sin embargo, apenas unos millones de años atrás, el paisaje cacereño era bien distinto. Los hijos de las pedreras lo recuerdan como si hubieran nacido cuando Extremadura era un fondo marino. En el Terciario, sin ir más lejos, el Campo de Arañuelo era un lago tectónico, que luego se fue rellenando con los sedimentos areno-arcillosos provenientes de los Montes de Toledo y de Gredos. Allí en el horizonte los vemos, con sus crestas trapeadas por la nieve recién caída del pasado fin de semana. Quién me lo iba a decir, que a finales de abril, cuando las abejas ya se preparaban para empezar a recolectar néctar, una nueva glaciación las retendría en su colmena. ¡Y mi abrigo en la maleta…!

Estamos apeados a un lado de la carretera, la que nos llevará hasta Guadalupe en cómodo peregrinaje por el Geoparque de Villuercas. Primera parada…

La curia romana de Augustobriga

Es la puerta de entrada al Parque. Aunque todavía no hay ningún cartel junto a las ruinas que nos dé la bienvenida en Augustobriga. Las columnatas y el basamento de un par de templos del siglo I es lo único que sobrevivió a la brutal erosión que el asentamiento sufrió cuando, en 1963, Talavera la Vieja quedó inundada por el embalse de Valdecañas. Les llaman mármoles; pero, en realidad, las rocas del edifico son de granito. Un grafitero, sin ningún respeto, ha dejado su huella en el monumento.

Augustobriga, Geoparque Villuercas Ibores Jara.
Foto: Emiliano Entenza.

Las termas, el acueducto y parte de la calzada que conectaba Emérita Augusta con la desafortunada villa lusitana continúan debajo del agua. Quincalla que no estaba catalogada como Bien de Interés Cultural, motivo por el cual la Compañía Hidroeléctrica Española no la tuvo que rescatar… En cuanto hay sequía y asoman los restos, los antiguos colonos acuden aún hoy al cementerio para visitar a sus muertos. Apesadumbrados, señalan una isla con el dedo. Está urbanizada con viviendas de alto standing para jubilados madrileños. Es la Marbella extremeña: hotel de cuatro estrellas con campo de golf, piscinas, instalaciones  deportivas, una playa artificial y, por ahora, 185 villas construidas. Todo ello edificado de forma ilegal, según la última sentencia judicial. Pero el complejo turístico no forma parte del Geoparque, y el aire que sopla en el pantano no es agradable… Subimos al autobús y proseguimos el viaje.

En este momento hay 19 pueblos integrados dentro del Parque, mientras que municipios como el de Bohonal de Ibor ni entran ni salen: están expectantes, quieren comprobar cómo les funciona la propuesta a sus semejantes. La idea es que los lugareños recuperen sus negocios tradicionales –bodegas, queserías, tiendas de artesanía, restaurantes…– y así revitalizar una de las zonas más deprimidas de la comunidad. Algo parecido a lo que hizo Alfonso VI hace diez siglos, repoblando el área con ganaderos, meleros y colmeneros cuando los sarracenos se fueron.

La cueva de Castañar de Ibor

Por el borde del sendero pasea un grupo de abuelos. Bastón, boina y camisa a cuadros: el uniforme es el mismo que cuando araban el campo con caballerizas en vez de pesticidas. Cualquiera de ellos podría ser el payés que en 1967 se topó por casualidad con la cueva de Castañar. Estaba labrando en un olivar cuando los cuartos traseros de su animal se hundieron con el arado en el conglomerado ediacárico. Y allí, a nueve metros bajo el suelo, se encontró con un espectacular bosque de minerales, donde abundantes cantidades de espeleotemas brotaban cual flores cristalinas sobre la arcilla.  Imaginamos que el paisano se fue derecho al bar del pueblo a contar su descubrimiento, pero ninguna institución prestó atención al agujero hasta que, en 1997, la gruta fue declarada Monumento Natural mediante decreto.

Réplica de los aragonitos de la cueva de Castañar de Ibor, Geoparque Villuercas Ibores Jara.
Foto: Emiliano Entenza.

Durante 30 años, sólo se ocuparon de la cueva kárstica los expoliadores que clandestinamente se adentraban en el laberinto para llevarse como tesoro fragmentos de aragonito, sin saber, ignorantes ellos, que una vez en el exterior, su albura se marchitaría convirtiéndose en calcita. Es lo que ocurre cuando los prismas de carbonato dejan de estar a una temperatura de 17 grados y a un 100% de humedad. Condiciones que se alteran cada vez que alguien entra en la caverna. Al principio, 20 personas diarias eran las privilegiadas que podían contemplar gours y árboles de cristal con 360.000 años de antigüedad. Un espectáculo subterráneo cuya belleza, ahora, sólo podemos apreciar a través de un documental proyectado en el Centro de Interpretación de Castañar de Ibor, pues, desde que una turista vomitó en la cueva, los únicos que se adentran en ella son los del CSIC para limpiar y recoger muestras. Llevan desde 2008 en cuarentena, con una lista de 3.600 personas ansiosas por ver estalactitas en espera. Vista la cola que hay, y que lo de abrir la cueva al público la Junta de Extremadura se lo toma con tranquilidad, nos vamos a otro geositio donde ni hongos ni bacterias nos impidan pasar.

Real Monasterio de Guadalupe

Dicen que no sería de extrañar que un simpático jabalí se lanzase a la vía para saludar. Más tímidas son las cigüeñas negras, que cada vez más prefieren los plácidos bosques de las Villuercas al masificado Parque Nacional de Monfragüe. Hay  águilas imperiales, gamos, corzos, muflones, cabras –eso dicen las guías, yo sólo he visto ovejas amodorradas y gallinas–… Y en tiempos de Alfonso XI, ¡hasta osos había! Por aquí venía el monarca de caza cuando no estaba reconquistando España. Una zona desértica donde poco más que fieras se exhibían. Era necesaria una sacra campaña de marketing para atraer cristianos viejos a la comarca. Y así fue cómo, un buen día, la virgen se le apareció a un pastor y una vaca resucitó gracias a su divina intervención. El rumor del milagro se extendió, y Guadalupe se convirtió en el centro por antonomasia de peregrinación. Entre sus más fervorosos devotos: los Reyes Católicos. Venían para agradecerle a la virgen sus celestiales hazañas –sin ella no hubiera sido posible tomar Granada–, para reunirse con Cristóbal Colón y para descansar con los jerónimos de la vida mundana. Dicen que doña Isabel se alojó en este monumental convento hasta 23 veces. Nosotros podemos hacer igual si nos apetece y, por 50 euros la noche, visitar gratis este Patrimonio de la Humanidad, incluidos los cuadros de Goya, de El Greco y de Zurbarán.

Real Monasterio de Guadalupe, Geoparque Villuercas Ibores Jara.
Foto: Emiliano Entenza.

Lo cierto es que se asemeja más a un castillo que a una iglesia o una casa profesa… Nos humillamos ante su inmensidad desde la sierra de Altamira, en el templete mudéjar donde peregrinos y cautivos redimidos rezaban en penitencia antes de llegar a la Puebla. Nosotros, no obstante, nos tenemos que alejar de la ermita, porque, a día de hoy, desde el humilladero, un bosquecillo nos tapa la vista. Las tejas de arcilla cocida y la mampostería del monasterio brillan… Y eso que no son más que cuarcitas y pizarras precámbricas, las mismas que se utilizaron para levantar las montañas más antiguas de España.

Los Apalaches extremeños

El pico más alto del Geoparque es el risco de La Villuerca. Algo menos de 1.600 metros desde que rebajaron su cima para construir un helipuerto. Una erosión ínfima si la comparamos con las sufridas después de las sacudidas herciniana y alpina. Orogénesis que dieron lugar a un relieve muy singular, conocido popularmente como apalachense, haciendo referencia a la cordillera de Norteamérica, aquella con la que estuvimos unidos hace unas eras. ¡Qué tiempos aquellos!, ¿recuerdan? Cuando gringos, europeos y norteafricanos no nos peleábamos por una roca y éramos capaces de compartir toda una cadena montañosa, desde los Atlas hasta los montes Apalaches, pasando por los sinclinales y anticlinales de Las Villuercas, la Bretaña, Escandinavia, las islas Británicas y Groenlandia. Ahora, con el Atlántico de por medio, sus sendas se conectan de nuevo a través del International Appalachian Trail. En España, la geóloga Ruth Hernández empezó a señalizar el camino en 2010. Pasa por pueblos medievales y antiguas vías romanas, y eso a los senderistas norteamericanos les encanta, pues es algo que a sus Apalaches, por razones históricas, les falta.

Trilobites
Foto: Emiliano Estenza.

También es único del Geoparque de Villuercas Ibores Jara fósiles que, incrustados en pizarras y lutitas, sólo se pueden encontrar aquí, en Namibia y en China; por eso resulta tentador para los coleccionistas meterse algún que otro trilobites en la mochila, y por eso se han dejado de publicitar los yacimientos donde estas reliquias paleozoicas se localizan.

Forman parte de la historia; de las epopeyas, mitos y leyendas que se cuelan entre los repliegues de estas cordilleras. Montañas azules, las llaman, aunque debajo de su fronda garza se oculten cumbres de “plata y aljófar”, que escribía Góngora. Detrás de la raña de las Mesillas, se disfrazan de zarca la sierra de Viejas y el pico de La Villuerca. Miles de millones de años se alejan dando tumbos por la carretera. Cerros, fallas, berrocales y canchos. Continuarán allí cuando, por la A-5 hacia a Madrid, nos extingamos.

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