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miércoles, 3 de octubre de 2012

"La Geología, una profesión vocacional", de Gibert.

En el enlace http://www.geocities.ws/geo_info/geo/geovoca/geovoca.htm, se incluye un trabajo sobre la vocación geológica, de Josep Gibert, presentada en el I Encuentro de Jóvenes Geólogos e Ingenieros de Minas, celebrado el 28, 29 y 30 de Abril del 2000. Incluyo a continuación el texto principal:
Los organizadores del Primer Encuentro Nacional de Jóvenes Geólogos me piden que les hable sobre nuestra profesión y sólo puedo intentarlo hablando de la experiencia personal acumulada en más de treinta años, e intentar describir lo que ha sucedido en el ámbito de la geología en este periodo.

Mi promoción es la tercera que estudia la carrera de Ciencias Geológicas, pues antes no existía la licenciatura como tal, se estudiaba Ciencias Naturales, lo que implicaba una formación extensa en biología y en menor grado geológica. En nuestro caso y teniendo en cuenta la reciente segregación y la falta de especialistas en la universidad se impartían algunas asignaturas propias de las ciencias naturales como Botánica y Zoología, además de las Matemáticas, Física y Química muy poco enfocadas hacía aspectos geológicos. Curiosamente era obligatoria la Paleontología Humana. Las asignaturas estrictamente geológicas eran pocas y el nivel escaso. La teoría de la Tectónica de Placas aún no se conocía. La Estratigrafía, Sedimentología se estudiaban a nivel teórico casi memorístico al dictado de textos americanos, aquí aún no existían especialistas, los primeros, en Cataluña, fueron el Dr. Rosell y la Dra. Virgili. La Geografía Física era la asignatura que dominaba la carrera. La impartía el Dr. Soler Sabaris que era un buen pedagogo, herencia de su pasado en la Enseñanza Media, y sus excursiones muy didácticas, conocíamos toda Cataluña y sabíamos interpretar el paisaje, más como geógrafos que como geólogos. Los contactos internacionales no existían. Quizás el científico de este ámbito más conocido fuera de España era el Dr. Crusafont Catedrático de Paleontología. En definitiva, nuestra ciencia estaba en los inicios.

Por otra parte éramos pocos alumnos, doce en mi promoción y solo existían cuatro universidades donde se enseñaba Geología: Barcelona, Madrid, Granada y Oviedo. Las salidas clásicas eran la enseñanza aunque con mi promocián se inició una amplia gama de posibilidades. La Confederación Hidrográfica del Pirineo Oriental solicitó geólogos, los estudios de Hidrogeología comenzaron con mi generación. La inició el Dr. Llamas un ingeniero de Caminos que nos dictó un cursillo rápido del que salieron los dos primeros catedráticos de la asignatura. El Instituto Tecnológico y Geominero (entonces Instituto Geológico y Minero) estaba en expansión y gracias a la necesidad de realizar mapas geológicos se contrataban geólogos. La Universidad y el CSIC iniciaron su renovación para adaptarse a los tiempos del desarrollo propios de los años sesenta y muchos de mis compañeros ocuparon plazas en la universidad o en el CSIC. En realidad fue la primera generación que abrió fronteras y se perfeccionó en Europa. Sin duda el paro no se conocía y la promoción estaba asegurada. Incluso se podía escoger la especialidad, en mi caso la Paleontología, que en los años sesenta era una rareza.

En más de treinta años la profesión ha cambiado mucho. A pesar de los males endémicos de nuestra universidad, que no tienen solución, los geólogos están mejor formados y, sobre todo, tienen más posibilidad de perfeccionarse en cursos, congresos, doctorados, masters etc., de viajar y reciclarse en otras universidades europeas o americanas por lo que la formación se alarga considerablemente. Un buen profesional empieza a estar formado a los cinco años de terminar la carrera después de adquirir experiencia profesional o haber perfeccionado los conocimientos universitarios fuera del ámbito estrictamente académico.

Las posibilidades de trabajo han aumentado abriéndose a nuevas expectativas antes inimaginables como son los trabajos relacionados con el medio ambiente (auditorías ambientales, estudios de impacto, depuradoras, vertederos, residuos, ordenación del territorio, etc), obras públicas (carreteras, AVE, túneles etc.), recursos hídricos (aguas subterraneas, control de ríos), estudios de riesgos naturales (avalanchas deslizamientos, riadas, terremotos), recursos naturales (petróleo, carbón, canteras), estudio de zonas de riadas (desertización, erosión y conservación del suelo). Muchos de estos trabajos se pueden realizar en empresas privadas pero también en servicios públicos vinculados a las autonomías, ayuntamientos, diputaciones y ministerios.La investigación también ha ampliado sus campos y abarca un amplio espectro, desde el estudio de nuevos materiales (hay geólogos que trabajan en cristales para la NASA y nuevos modelos de prótesis) hasta la Paleontología Humana (ciencia que yo practico).

Quizás lo más difícil para el joven geólogo sea optar por opciones de futuro al finalizar sus estudios. Hay varias posibilidades. Las más extremas son buscar, encontrar trabajo y ejercer la profesión de manera inmediata o por el contrario profundizar en la formación a la búsqueda del trabajo satisfactorio. Son opciones personales en las que es difícil aconsejar. Es cierto, que en estos momentos, hay posibilidades de encontrar trabajo y que se exige mucha movilidad, capacidad de adaptación y versatilidad. El mercado de trabajo es muy móvil, inestable e inseguro por lo que debe adquiriese un perfil amplio, pero dentro de unas especialidades y edades. A los treinta se debe tener un aceptable curriculum profesional y una buena formación.

La geología es una profesión muy vocacional o por lo menos para mí. Esto debe proporcionar una satisfacción complementaria que nos permita un plus de felicidad ejerciendo nuestro trabajo. Cada vez es más difícil escoger el trabajo más satisfactorio, el que realmente nos gusta y ejercerlo con libertad, sin presiones. La vida del geólogo muy vinculada al campo, permite estar en contacto con la naturaleza, viajar, alejarse de los jefes y disfrutar de atardeceres agradables y tertulias científicas ante una buena mesa. Mis mejores momentos los he pasado trabajando en el campo, descubriendo nuevos yacimientos paleontológicos en las depresiones terciarias de España.

Las nuevas leyes económicas exigen la máxima rentabilidad con el mínimo tiempo y gran calidad, lo que es una utopía e incompatible con la capacidad creadora vinculada a toda profesión que exija un razonamiento científico. Se debe anteponer el rigor y la calidad a las urgencias y exigencias lo que crea situaciones complejas y de tensión. Un trabajo bien hecho es satisfactorio. Una obra bien hecha es la culminación de una vida, algo muy difícil de conseguir y que la sociedad en que vivimos casi no valora. El trabajo de geólogo, como el de todo científico, tiene que ser meticuloso. Los datos de campo bien tomados según las exigencias de los objetivos y las síntesis finales meditadas y razonadas.

La competitividad es otro elemento agresivo. Ser competitivo y ambicioso parece natural pero siempre que se guarden las más elementales normas ‚éticas. En la actualidad se prima la competitividad sobre otros valores, lo que en ocasiones obliga a actuaciones indecorosas como copiar artículos, esquemas, columnas y otros datos robando datos de colegas. Es cierto que estos hechos lamentables suceden y otros peores. No obstante he percibido un mayor compañerismo entre geólogos que en otras profesiones quizás se deba al contacto con la naturaleza que debe proporcionar mayor sensibilidad y sentido de la responsabilidad.

Los jóvenes geólogos deben potenciar en el futuro algunos valores esenciales, como son: la pasión por el conocimiento, el respeto a la naturaleza y el rigor del método científico, esto facilitará compaginar el trabajo y la felicidad.

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