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miércoles, 20 de julio de 2011

La piedra que se menea o bamboleante de Montánchez, por Julio Lozano.

Hace escasos días se ha publicado en la revista Mansaborá un interesante artículo de nuestro amigo Julio Lozano, profesor del IES Hernández-Pacheco, sobre esta roca, un singular afloramiento del tipo de roca pedestal, típico de los terrenos graníticos, aunque no demasiado abundante, pues suele ser objeto de vandalismo y destrucción.






Según la web http://www.montanchez.net/historia/piedra.html, tomado a su vez de la "Historia de Montánchez", de Tirso Lozano Rubio:
La piedra bamboleante, llamada "el cancho que se menea", estaba situada en lo alto de un pico (llamado de la Cogolla) de la cordillera Oretana, cerca del hito que puso en aquella cúspide la Comisión de la triangulación geodésica, a 1000 metros de altura sobre el nivel del mar, y en punto distante a una legua de Montánchez.
El monumento se componía esencialmente de tres piedras de distintos tamaños, labradas, esto es, cortadas aunque imperfecta y groseramente, y colocadas y dispuestas en el orden y para el fin apetecido, con excelente resultado. Dichos tres elementos son: pedestal, plinto y cabeza o piedra bamboleantes propiamente dicha. El pedestal era cuadrangular, de 86 cm de altura y estaba un poco inclinado hacia un lado; el plinto era cuadrado, de 22 cm de altura por donde esta es mayor, para compensar la inclinación, y la piedra bamboleante ofrecia un perfil trapecial y medía 2,60 metros de altura, teniendo el total del monumento 3,68 metros. Las piedras eran graníticas como las que hay en toda la sierra y junto al monumento había otras piedras amontonadas que permitian desde encima de ellas empujar la gran piedra, oponiendo al principio alguna resistencia, pero luego que empieza a moverse, opone menos y disminuye la resistencia a medida que se van produciendo más oscilaciones, aumentándose la velocidad e inclinación hasta parecer que se va a caer sobre el que la mueve. Su aspecto y forma ensanchada por arriba,lo delgado del plinto sobre el pedestal y éste, daban la impresión de un incorrecto busto humano, lo que ha sugerido la idea de que pudiera ser un ídolo que mueve la cabeza sobre sus hombros y domina aquella grandísima extensión.
La "piedra bamboleante", que resisitió los vendabales y huracanes que con furia azotaron la montaña por tantos miles de años, tuvo un final nefasto el día 19 de junio de 1937, en el que había desplazadas en la sierra dos compañías del Regimiento de Las navas. La primera compañía, comandada por el alférez Félix Alejandro Bartolomé Ingelmo estaba en el punto cumbre, a mil metros de altura, donde estaba emplazada la "piedra oscilante"; la hicieron oscilar fácilmente, obedeciendo el cancho a su requeriemiento, pero los soldados que estaban acostumbrados a la obediencia ciega de sus jefes y oficiales y para probar, sin duda, que sabían derrocar piedras milenarias, deliberaron entre sí, si la piedra podía y debía derrocarse, con la resolución de la caída de la piedra, el derribo del coloso, y así probar, sin duda "su valentía".
Por último, decir que no debe confundirse con la "Piedra del dedo meñique", en Arroyomolinos de Montánchez, muy cerca de ésta que hemos tratado hoy.