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miércoles, 10 de noviembre de 2010

El Volcán de El Gasco (3).

Bien, con esta tercera entrega, que quizá no sea la última, acabo de explicar toda la serie de hipótesis que han venido barajando los investigadores en este, para mi, mítico paraje hurdano.
Recordemos que la primera hipótesis era de García de Figuerola y giraba en torno a un origen volcánico de las pumitas encontradas en El Picu. Luego vendrían algunas hipótesis no expresadas en texto, sino que eran meras aportaciones orales: es el caso de las fulguritas (petrificaciones originadas por la caida de rayos) o las escorias (explicación arqueológica habitual). Ya en época reciente, personal del INTA (Instituto Nacional de Técnicas Aeroespaciales), organismo dependiente del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), apostó por un origen no terrestre, debido a la presencia de minerales de alta presión (ringwoodita y otros) en la roca pómez: el ya famoso "Impacto meteorítico de La Hurdes".
Hasta ahí la información que he facilitado sobre el origen de las rocas del Pico del Castillo, en la pedanía de El Gasco (Nuñomoral, Cáceres). Ahora queda estudiar el problema desde una perspectiva diferente a la seguida hasta el momento: el origen antrópico.
Antes de todo, decir que cuando acompañaba al equipo de investigadores y colaboradores del CSIC, allá por el año 2001, personalmente pensaba que el estudio se estaba realizando solo y exclusivamente desde un punto de vista químico-mineralógico y, subsidiariamente, de laboratorio (algo parecido a lo que ocurre si solo vemos una roca únicamente bajo el microscopio, pero no en campo, en su contexto original). Es decir, no se realizaba el estudio desde una óptica general. Pero esto cambió cuando uno de los investigadores principales del equipo original (Enrique Díaz Martínez) cambió de área de trabajo y tuvo mayor contacto profesional con especialistas de otras ramas del saber, especialmente geoarqueólogos, quienes le dieron algunas ideas de lo que podían ser las "pumitas" de El Gasco.
Ya en 2004 empezaron a ver la luz las primeras publicaciones de aquellas nuevas conclusiones, coincidiendo con el hecho de que se había contrastado la investigación preliminar extraterrestre (se había constatado la "ausencia" de aquellos minerales de alta presión que se pensaba existían en las pumitas). Eso catapultó la idea de que lo que estábamos todos viendo allí durante años eran secilla y llanamente rocas que habían sufrido el efecto de altas temperaturas, pero cuyo origen era exclusivamente terrestre, como veremos a continuación.
La hipótesis con que se está trabajando en la actualidad se basa en investigaciones de otros autores, fundamentalmente anglosajones (Nisbet, Childe, Youngblood, Cotton, etc.). Todos ellos han venido estudiando el fenómeno de la vitrificación de rocas en asentamientos humanos de la Edad del Bronce y la Edad del Hierro en el continente europeo, especialmente en las Islas Británicas. Allí se conocen numerosos ejemplos de vitrificación de origen antrópico, aunque también es cierto que con un escaso conocimiento del fundamento físico-químico, pues algunos experimentos que se han realizado no han podido simular fielmente el proceso y, por consiguiente, los resultados.
Hace unos meses presenté, junto con otros autores, una comunicación en el Simposio sobre Mineralización y Metalurgia Históricas en el Sudoeste Europeo, celebrado en Vila Velha de Ródão (Portugal). Se aportaron datos de El Gasco y otros tres yacimientos arqueológicos, fuera de Extremadura, con muestras comprobadas de vitrificación. Así pues, lo que en este momento de las investigaciones se cree es que el origen procede de la vitrificación de la roca con que estaban construidos los edificios o murallas en cada uno de estos yacimientos. Cuando publiquen el trabajo de dicho Simposio, lo colgaré en el blog, pues en él se abordan con mayor detalle estas breves explicaciones que he querido exponer sobre esta última hipótesis de trabajo. Hipótesis, insisto, que se fundamenta no solo en los resultados de laboratorio, sino en los estudios de campo, reveladores de la existencia generalizada de estos procesos de vitrificación en la mayoría de los asentamientos protohistóricos conocidos. Hay que decir, a este respecto, que en ocasiones el fenómeno no culmina en vitrificación, quedándose en una simple calcinación. Esto se explicaría por las características químicas de la roca, pues no todas se comportan de igual modo ante el choque térmico. 
La imagen adjunta es un mapa con los yacimientos conocidos de vitrificación en la Península Ibérica. El Gasco corresponde al número 2.